Orujo y vinos de Liébana: sabor y tradición

Si hay algo que representa el carácter lebaniego, además de sus montañas, es su orujo. En esta tierra, el destilado del hollejo de la uva no es solo una bebida: es una parte de la identidad local, un lazo entre generaciones y una excusa perfecta para reunirse y celebrar.

Pero Liébana es mucho más que orujo. En los últimos años, las bodegas del valle han recuperado con fuerza la tradición vinícola que ya existía siglos atrás, elaborando vinos de montaña que sorprenden por su personalidad. Hoy, recorrer sus viñedos y destilerías se ha convertido en una experiencia imprescindible para quien visita la zona.

Un valle con sabor a historia

El cultivo de la vid en Liébana tiene una larga historia. Gracias a su microclima —protegido por los Picos de Europa y con un aire más seco y templado que en el resto de Cantabria—, los viñedos se han mantenido aquí durante siglos. Ya en la Edad Media, los monjes de Santo Toribio elaboraban vino para el consumo del monasterio y para los peregrinos que llegaban hasta el Lignum Crucis.

Esa tradición no se ha perdido. Hoy, los pueblos de Potes, Cillorigo, Cabezón de Liébana o Pesaguero conservan pequeños viñedos que tapizan las laderas soleadas, y muchas familias continúan elaborando orujo y vino con orgullo y saber hacer.

El orujo: el alma líquida de Liébana

El orujo de Liébana se obtiene destilando los restos de la uva después de hacer el vino (hollejos, pepitas y raspones). En los viejos tiempos, cada casa que tenía viñas elaboraba su propio orujo en el “alambique” familiar, un pequeño aparato de cobre donde se destilaba lentamente, al fuego de leña.

El resultado es un aguardiente puro, fuerte y aromático, que aquí se bebe con respeto y siempre después de una buena comida. Pero más allá del clásico orujo blanco, la tradición ha evolucionado, y hoy se pueden probar muchas variedades.

El corazón de esta tradición late con fuerza en la Fiesta del Orujo, que se celebra cada noviembre en Potes. Durante un fin de semana, el pueblo se llena de música, alambiques encendidos y degustaciones. Se elige al “Orujero Mayor”, y las calles huelen a leña, uva y aguardiente. Es una de esas fiestas que merece la pena vivir al menos una vez.

Los vinos de Liébana: el renacer de una tradición

Aunque el orujo siempre ha sido el gran protagonista, el vino lebaniego está viviendo una auténtica segunda juventud. Bajo la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Vino de la Tierra de Liébana, varias bodegas elaboran vinos de montaña con variedades autóctonas como la Mencía, la Palomino o la Godello.

El resultado son vinos con carácter: tintos intensos, rosados frescos y blancos con notas afrutadas, todos marcados por la altitud, el clima y la mineralidad del terreno.

Las bodegas de Liébana se han adaptado a los nuevos tiempos sin perder la esencia artesanal. Muchas ofrecen visitas guiadas donde se puede recorrer el viñedo, conocer el proceso de elaboración y, por supuesto, degustar una copa con vistas al valle.

Bodegas y destilerías que merece la pena visitar

Hay varias experiencias que recomendamos a nuestros huéspedes:

  • Orulisa En sus instalaciones de Tama, a pocos minutos de Potes, se puede conocer todo el proceso: desde la llegada del orujo fresco hasta la destilación en alambiques de cobre, la maduración y el embotellado. Su visita guiada incluye una cata de orujos y licores, entre ellos el famoso “Orujo de Liébana” con Denominación Geográfica Protegida (DGP)..
  • Bodega Sel d’Aiz (Pendes): un proyecto joven que elabora vinos ecológicos de gran calidad, con una filosofía muy respetuosa con el entorno.
  • Destilería Sierra del Oso (Ojedo): una de las más conocidas, con un espacio de visita muy cuidado y catas que permiten descubrir los distintos tipos de orujo y licor.
  • Picos de Cabariezo Experience: combinan visita, cata y tienda de productos locales. Ideal si se busca una experiencia enoturística completa.

Todas ellas están a pocos kilómetros unas de otras, por lo que es fácil organizar una jornada de ruta del orujo y el vino por el valle, disfrutando del paisaje y del sabor de la tierra.

El paisaje también se bebe

Una de las cosas que más sorprende a quienes visitan Liébana es cómo el paisaje se refleja en el sabor de sus productos. Las uvas crecen en terrazas orientadas al sol, entre montañas y ríos, y eso se nota en el vino. El orujo, por su parte, guarda la esencia del trabajo artesanal, de la leña y del tiempo.

Visitar las bodegas y destilerías no es solo una experiencia gastronómica: es una forma de conocer la cultura local desde dentro, charlando con los productores, entendiendo su oficio y saboreando el resultado.

Además, las vistas desde muchas de estas instalaciones son impresionantes: viñedos que se extienden sobre las laderas, el sonido de los cencerros en los prados y, al fondo, los Picos de Europa recordándonos dónde estamos.

Consejos para disfrutar la experiencia

  • Reserva con antelación: algunas visitas requieren cita previa.
  • No conduzcas después de las catas: hay taxis locales o puedes combinar la visita con una comida cercana.
  • Combina sabores: los vinos y orujos de Liébana maridan de maravilla con quesos, embutidos o cocido lebaniego.
  • Compra local: llevarte una botella de orujo o vino es apoyar la economía y la tradición del valle.

Un brindis por Liébana

El orujo y el vino son parte del alma de Liébana. Detrás de cada botella hay historia, esfuerzo y paisaje. Visitar una destilería o una bodega aquí no es solo una excursión: es un viaje a las raíces de esta tierra.

Desde el hotel, podemos ayudarte a organizar una ruta del vino y el orujo, recomendarte las mejores visitas según tus intereses o reservar una degustación especial en bodegas como Orulisa, Sierra del Oso o Picos de Cabariezo.

Porque en Liébana, cada copa cuenta una historia… y todas saben a montaña, tradición y hospitalidad.

Otras cosas que hacer

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    Queso picón
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