Un encuentro con la vida salvaje entre montañas

Líebana y su entorno natural

Uno de los mayores encantos de Liébana es que aquí la naturaleza todavía tiene voz propia. No hace falta alejarse mucho para sentirla: basta con salir a caminar por un sendero, o asomarse al valle al amanecer, para descubrir que este rincón de Cantabria está lleno de vida. Desde el hotel, muchos viajeros nos cuentan que una de las cosas que más les sorprende es esa sensación de estar en un lugar auténtico, donde el campo, los bosques y los animales comparten espacio con naturalidad. Hoy queremos invitarte a mirar Liébana con otros ojos: los de quien busca observar la fauna local, aprender de ella y dejarse sorprender por su presencia.

Un valle lleno de sonidos y movimiento

Cuando amanece, los prados se llenan de actividad. Los gorriones, carboneros y pinzones dan los primeros conciertos del día, mientras las vacas y ovejas salen hacia los pastos. En los márgenes de los caminos, si se camina en silencio, es fácil ver corretear a alguna ardilla roja o cruzar un erizo hacia el bosque. En los campos más abiertos, los corzos pastan al amanecer y al atardecer, moviéndose con elegancia entre la hierba alta. Son uno de los símbolos de la fauna lebaniega: discretos, rápidos y perfectamente adaptados al entorno. Si tienes suerte, quizá escuches su ladrido característico en los días de verano, cuando los machos marcan su territorio. Y aunque más difíciles de ver, también viven aquí zorros, gatos monteses e incluso tejón europeo, que deja sus huellas cerca de los arroyos.

En el aire: el reino de las aves

El cielo de Liébana es un espectáculo para los amantes de las aves. Las montañas, los bosques y los cortados rocosos crean hábitats muy diversos que atraen a muchas especies. El más imponente de todos es el buitre leonado, que sobrevuela los valles describiendo grandes círculos, aprovechando las corrientes de aire caliente. Su vuelo pausado y majestuoso se puede disfrutar casi cualquier día, sobre todo en zonas abiertas como el Desfiladero de la Hermida o los alrededores de Fuente Dé. Pero no es el único protagonista del cielo. También habita aquí el águila real, reina indiscutible de las cumbres. Con algo de paciencia (y unos buenos prismáticos), es posible verla patrullar las laderas más altas. En primavera, los alimoches regresan desde África para anidar en los acantilados de roca, y los cernícalos se lanzan en picado sobre los prados buscando pequeños roedores.

Más cerca del bosque, los pájaros carpinteros, arrendajos y mirlos ponen música al paseo, mientras las lavanderas blancas y martines pescadores acompañan el curso de los ríos.

Ríos llenos de vida

Los ríos Deva, Quiviesa y sus afluentes son auténticos corredores de biodiversidad. En sus aguas cristalinas habitan truchas comunes, y a veces, si el entorno está tranquilo, puede aparecer la figura esquiva de la nutria europea. Verla no es fácil, pero es emocionante saber que está ahí, símbolo de la buena salud de nuestros ríos.También es habitual observar garzas reales o patos azulones, especialmente en las zonas más amplias del valle, donde los ríos se ensanchan y la vegetación ofrece refugio. Si te fijas en las piedras del cauce, puedes ver dípteros, libélulas y otros insectos que son la base del equilibrio ecológico de este entorno. Pasear junto al río, sobre todo a primera hora del día o al caer la tarde, es una experiencia relajante que invita a desconectar y, con un poco de suerte, disfrutar de alguno de estos encuentros con la vida salvaje.

Líebana y su entorno natural

Uno de los mayores encantos de Liébana es que aquí la naturaleza todavía tiene voz propia. No hace falta alejarse mucho para sentirla: basta con salir a caminar por un sendero, o asomarse al valle al amanecer, para descubrir que este rincón de Cantabria está lleno de vida. Desde el hotel, muchos viajeros nos cuentan que una de las cosas que más les sorprende es esa sensación de estar en un lugar auténtico, donde el campo, los bosques y los animales comparten espacio con naturalidad. Hoy queremos invitarte a mirar Liébana con otros ojos: los de quien busca observar la fauna local, aprender de ella y dejarse sorprender por su presencia.

Un valle lleno de sonidos y movimiento

Cuando amanece, los prados se llenan de actividad. Los gorriones, carboneros y pinzones dan los primeros conciertos del día, mientras las vacas y ovejas salen hacia los pastos. En los márgenes de los caminos, si se camina en silencio, es fácil ver corretear a alguna ardilla roja o cruzar un erizo hacia el bosque. En los campos más abiertos, los corzos pastan al amanecer y al atardecer, moviéndose con elegancia entre la hierba alta. Son uno de los símbolos de la fauna lebaniega: discretos, rápidos y perfectamente adaptados al entorno. Si tienes suerte, quizá escuches su ladrido característico en los días de verano, cuando los machos marcan su territorio. Y aunque más difíciles de ver, también viven aquí zorros, gatos monteses e incluso tejón europeo, que deja sus huellas cerca de los arroyos.

En el aire: el reino de las aves

El cielo de Liébana es un espectáculo para los amantes de las aves. Las montañas, los bosques y los cortados rocosos crean hábitats muy diversos que atraen a muchas especies. El más imponente de todos es el buitre leonado, que sobrevuela los valles describiendo grandes círculos, aprovechando las corrientes de aire caliente. Su vuelo pausado y majestuoso se puede disfrutar casi cualquier día, sobre todo en zonas abiertas como el Desfiladero de la Hermida o los alrededores de Fuente Dé. Pero no es el único protagonista del cielo. También habita aquí el águila real, reina indiscutible de las cumbres. Con algo de paciencia (y unos buenos prismáticos), es posible verla patrullar las laderas más altas. En primavera, los alimoches regresan desde África para anidar en los acantilados de roca, y los cernícalos se lanzan en picado sobre los prados buscando pequeños roedores.

Más cerca del bosque, los pájaros carpinteros, arrendajos y mirlos ponen música al paseo, mientras las lavanderas blancas y martines pescadores acompañan el curso de los ríos.

Ríos llenos de vida

Los ríos Deva, Quiviesa y sus afluentes son auténticos corredores de biodiversidad. En sus aguas cristalinas habitan truchas comunes, y a veces, si el entorno está tranquilo, puede aparecer la figura esquiva de la nutria europea. Verla no es fácil, pero es emocionante saber que está ahí, símbolo de la buena salud de nuestros ríos.También es habitual observar garzas reales o patos azulones, especialmente en las zonas más amplias del valle, donde los ríos se ensanchan y la vegetación ofrece refugio. Si te fijas en las piedras del cauce, puedes ver dípteros, libélulas y otros insectos que son la base del equilibrio ecológico de este entorno. Pasear junto al río, sobre todo a primera hora del día o al caer la tarde, es una experiencia relajante que invita a desconectar y, con un poco de suerte, disfrutar de alguno de estos encuentros con la vida salvaje.

En las cumbres: el dominio del rebeco

Quienes se aventuran hacia las zonas altas de los Picos de Europa, especialmente alrededor de Fuente Dé o en las rutas que suben hacia Áliva, pueden tener la suerte de ver uno de los animales más emblemáticos de la montaña cantábrica: el rebeco. Ágil y resistente, se mueve entre las rocas con una facilidad asombrosa. En verano, se le puede ver pastando en los prados de altura; en invierno, baja a cotas más bajas en busca de alimento. Observarlos con prismáticos desde los miradores es una de las experiencias más bonitas que ofrece el parque nacional.

Consejos para disfrutar y cuidar la fauna local

  • Madruga o espera al atardecer: los animales son más activos en las horas frescas del día.
  • Muévete en silencio: la mejor forma de ver fauna es no hacerse notar.
  • Lleva prismáticos o cámara con zoom: podrás observar sin acercarte demasiado.
  • Respeta las señales y los caminos: proteger su hábitat es clave para mantener este equilibrio.
  • Evita dejar basura o restos de comida: incluso los más pequeños pueden alterar la vida silvestre.

Un lugar donde la naturaleza sigue viva

En Liébana, la fauna no es algo que se vea solo en los folletos: está presente en cada rincón, en los sonidos, en las huellas del barro y en la mirada atenta del viajero. Si te apasiona la naturaleza, te animamos a dedicar un día a observarla con calma. Podemos ayudarte a elegir rutas fáciles para ver aves, zonas de montaña donde es posible avistar rebecos o paseos junto al río donde escuchar el rumor del agua y descubrir sus habitantes más discretos. Liébana es, ante todo, un encuentro con la vida. Ven con los ojos abiertos, con respeto y curiosidad, y te llevarás mucho más que una foto: la sensación de haber compartido un momento auténtico con la naturaleza.

Otras cosas que hacer

  • El Lignum Crucis: historia y paisaje en el corazón de Liébana

  • Senderismo en Liébana: caminar para descubrir el alma de la montaña

  • Los sabores de nuestras montañas: Quesos tradicionales de Liébana y las queserías que puedes visitar

    Queso picón